Escenas

Durante cuatro días caminó por las calles de Macondo sin cesar. Conoció (y reconoció) a cada uno de los miembros de la familia Buendía, sintió una profunda empatía por Rebeca, sus aislamientos amorosamente voluntarios la remontaron a imágenes reflejadas por espejos viejos y ahumados por el tiempo, explotó en llanto al imaginar las tajadas robadas al centro del pecho de Amaranta y cantó canciones de amor entre un toro bravío y la luna.
Fué cabra y miel; canela, tabaco, maní y sándalo coronaron sus sentidos.
Una noche se dejó ganar durante un segundo por el terror que sintió aquella tarde de sol frente al mar y en otra sintió el desgarro de su corazón al ser atravesado por una cuchilla filosa y brillante pero ambas sensaciones se esfumaron al despertar en el reino de las pestañas largas.
Fueron cuatro días donde vivió cien vidas y mil más, donde pronuncíó frases idénticas en diferentes idiomas y antes de que se terminaran las veinticuatro horas de felicidad decretadas la noche anterior supo que era parte de alguien, la prolongación de otra piel.
Así renovó alianzas de propiedad con una sonrisa de la que se había adueñado porque le había parecido natural y siguió su camino, amando.

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~ por Siworae en junio 11, 2007.

7 comentarios to “Escenas”

  1. que lindo, me quedo con los últimos dos párrafos, y me alegro amplia y vigorosamente.

  2. Caracol: ¿Cómo es alegrarse vigorosamente? 😉

  3. Que alguien me lo cuente esta noche antes de dormir, a ver si puedo ir hasta allá también…

    Un abrazo

  4. Veronika: Claro, cómo no vas a poder ir? simplemente tendrías que cerrar los ojos e imaginar que a lo lejos ya ves el castaño de los Buendía y el resto fluirá automáticamente 🙂

  5. Mi querida, Siworae, a ver si nos encontramos en Macondo un día de estos… Besos,
    V.

  6. ¿Si te contara que Macondo me queda tan cerquita del corazón, que a veces, lo que allá se susurra aquí, se siente?

    “Así renovó alianzas de propiedad con una sonrisa de la que se había adueñado porque le había parecido natural y siguió su camino, amando.”

    Yo también seguí mi camino… aún llevo en los pies su polvo y la misma sonrisa en el alma, aunque ya no veo ese rostro del que me la robé.

    Beso celeste…

  7. ElPoeta: ¡Cuando quieras! Macondo siempre va a estar dispuesto a recibirnos, te lo aseguro.
    Besos

    Celeste: Estoy segura de que puedes escuchar los susurros que corren por las calles de Macondo y hasta me animaría a decir que alcanzas a ver las nubes de pequeñas mariposas amarillas que sobrevuelan el pueblo.
    Celeste, si conservas aquella sonrisa en el alma bastará con que cierres los ojos, extiendas las manos y vas a ver el rostro del cual la robaste.
    Nada está tan lejos …. nada 🙂

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