Angulos (II)

Preferí callar y mirar fijamente tus ojos color cielo sin que se me moviera un solo músculo en mi rostro que denotara nada: ni tristeza, ni furia ni hastío.
Seguirás hablando como un autómata porque en el fondo estás recitando un discurso que has aprendido de memoria para acentuar la frialdad que corre por tus venas.
La calidez la tienes reservada para tus amigos, el hielo para los de tu sangre.
El poder te aleja de la angustia y el dinero te acerca a la hipocresía ajena.
Tu boca se mueve al compás de un sermón letánico.
Mi corazón late y se aleja de tus pupilas.
Siempre fuimos, somos y seremos el agua y el aceite.
Has concluido con tu lección de vida y ahora, si me lo permitís, voy a continuar trabajando.

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~ por Siworae en febrero 22, 2007.

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