Y resulta que …

… despertó cantando, se fué de picnic, cambió rúcula por hojitas de lechuga fresca y crujiente, su madre le sonrió desde el lucero, aprendió que la luna sube y baja pero solamente por cuestiones de distancia, volvió a su infancia para compartir un secreto y tomar helado en cucurucho mientras caminaba por una plaza, compró nardos de madrugada, devolvió su espalda a quién le pertenecía, libró cheques en blanco con los ojos cerrados y el alma al desnudo, comprendió que lo mejor es caminar jugando a “pan y queso”, descubrió que sus lágrimas son blancas y que ahí, donde las mariposas a veces bailan, volvía a arder muy suavemente el fuego sagrado.

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~ por Siworae en febrero 20, 2007.

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